se anidan a mi cuello.
Sonrisa asegurada luego de unas horas
cuando una ventisca sople suave
remueva el aire
y te haga brotar
evocado en mi mente.
Sonrío de verte
en sueños o frente a mí.
Es que ambas maneras me completan
más de lo pensado.
Y es que estoy hallando mis partes:
no es que llenás espacios vacíos
sino que ayudás a acomodar lo desordenado.
A relucir lo viejo, y sacarle brillo.
A explotar al máximo el tiempo.
A reír de la vida,
y de no saber si está bien así vivirla
pero dejarse llevar
al escuchar las convicciones
y los murmullos suaves del alma.
Sos ese silencio que me permite oír mi voz interna.
Ese que da paz entre tanto ruido.
Sos horizonte en alta mar.
Abrazo tu mirada en secreto.
En la noche tan profunda.
Como si sujetaras mi cintura a mi lado, te siento.
Cuánta paz adentro.
Gracias.