Golpean la puerta recuerdos dolorosos del pasado
como si estuviera sucediendo justo ahora
cuando una palabra clave los precipita.
Esas palabras que impactaron en la psiquis
como si las marcaran con fuego,
como un metal incandescente,
como la cicatriz en mi rodilla
o ese dedo marcado en el cuello.
O en el brazo.
O en la pierna.
Me susurro a mí misma, suavemente, una canción de cuna.
Evito hablar de ciertos temas, para no molestar.
Me asusto de nuevo por simple impresión.
Pienso dos veces e intento asimilar.
Te pido un abrazo
para que silencies con amor
esos ruidos que lastiman.
Esas grietas que siguen costando cerrar.
Que vuelven a mostrarse cuando menos me las espero.
Cuando pareciera que ya no van a manifestarse, nunca más.
Así que perdón.
Perdón por mi pretérito.
Pero me hizo ser quien soy hoy.
Así que gracias.
Gracias a mi pretérito.
Y que el dolor nunca deje de ser esa fuente inagotable de aprender a dar amor.