El velador. La crema volcada.
Un cable que atraviesa. El interruptor.
El teléfono viejo. La libreta.
Sí, esa. La que compré en el Bolsón.
La que elegí más por el poema del interior.
Libretita donde venir a plasmar ideas. Narrar recuerdos. Ocurrencias. Flashes del momento.
Momentos, siempre ahí. Generando una frase que hace brotar otra.
De repente, llueven renglones llenos.
Momentos, fotos. Describir una y dejar fluir a la prosa, como esta, la de ahora, del presente. La que está siendo delineada en este preciso momento.
Momentos, instantes. Que algo representan. Que quedan plasmados in mente.
Momentos y redes sociales. Nos describen y resumen a momentos. A nosotros, los seres humanos. Nos están resumiendo.
Carta de presentación. Edad, profesión, signo. Algún gusto en especial. Cuadro de fútbol, fecha de cumpleaños. Aspiraciones. Desesperaciones.
Y tantas y tantos hurgando ahí. Buscando en la basura. En lo vacío.
Encontrando calor digital.
Mandando por mensaje besos y abrazos que después no se dan.
Me quedo con seguir rozándole el brazo a un amigo en la mesa. Rascarle la cabeza a papá. Mimar mucho tiempo al perro y no sólo para la foto. Abrazar a tode aquel que quiero con fuerza y con una sonrisa en la cara.
De esas sonrisas que vienen a contar cuánta felicidad siente el alma con la existencia de ese ser.
Ser que seguro está siendo resumido
justo ahora
en este preciso instante
y en este instantáneo momento
a una simple suma
de instantes y momentos.