abrirle las puertas del Alma al Mundo

La maravilla de poder fluir a través de la escritura me hace agradecer al universo mi carácter de humana.
Sé que, si no existiera, claramente me dejaría ser y expresar a partir de otro medio. Pero empuñar una lapicera y trazar garabatos que significan conceptos, vincularlos entre sí y frasear constantemente durante unos cuántos minutos, se siente tan bien.
Nunca rompí una cadena, pero me hace pensar en que debe ser parecido.
En el después, vibra un poco el cuerpo y me siento más livianita. A veces hasta floto, y con flotar me refiero a esa sensación que tenés cuando te estás quedando dormide pero todavía estás despierte y dejás de sentir algunas partes del cuerpo que parecen haberse amalgamado con la noche.
Creo que es por eso me gusta más dormir de noche. Y poder abrazar al sol con una sonrisa, sintiendo un lazo entre el cielo turquesa y mis brazos, será la razón por la que me gusta más vivir de día.
Alma que vibra cada vez más porque la entropía es inevitable, y brilla cada vez menos porque aprendió a guardarse cuando así lo necesita. Porque aprendió que a veces es bueno guardarse. Es la necesidad de un balance eterno entre opuestos. Así que acepta al frío tanto como al calor. La risa y el llanto, abrazados como una sola cosa. Los días de desenfreno de un lado del subibaja, y del otro, los días de reflexión.
Y si la vida tiene tanto para traer y de qué aprender, entonces que así siga siendo. Permitirse vivir y sentir, intensamente, exprimiendo los minutos.
Y abrirle las puertas del Alma al Mundo.