Decían mucho.
Fue una de las pocas veces en mi vida desde que comencé a escribir que Destinatario recibió y se llevó consigo el mensaje. En sus manos. Doblado en cuatro partes.
Ni siquiera alcancé a firmarlo. Finalizaba con un "te quiero".
Decidir finalizar una creación escrita es relativamente sencillo. Qué difícil se vuelve cuando intentamos decidir finalizar un sentimiento. Qué sencillo, sin embargo, es querer cuando se quieren a personas sanas y maravillosas. De esas que no hieren. Que cuidan y respetan. Que miman el rostro con una caricia y sin darse cuenta también miman el alma.
A esas personas no se las intenta dejar de querer, todo lo contrario. Se las quiere hasta siempre o hasta que el sentimiento caduque solo.
Cuando existen fronteras físicas, geográficas y burocráticas que separan, es inevitable extrañar. Pero extrañar sin dolor, ni tristeza. Sentimiento y emoción que siempre había vinculado y asociado con extrañar. Que es difícil estar lejos. Que lastima mucho echar de menos.
La vida no para de atravesarnos personas en el camino. Nuevos personajes, que salen quién sabe de dónde, pero pisan fuerte, y cambian todo. Esos que cada vez son más de nuestro agrado, porque también la vida nos enseñó con los años quiénes sí... y quiénes no. Qué darle a cada uno. Qué recibir. Por quiénes luchar.
Y maravillosamente la dejo educarme. Le hago caso. Maravillosamente la sé escuchar.
Cada día que pasa me siento más sabia. Con menos dolor, menos miedos.
Hubo días duros, sí. Muchos juntos.
Inimaginablemente duros. Acompañados de una soledad que golpeaba la puerta y lágrimas que brotaban sin parar. Miedo de mi misma. De mirarme en el espejo y desconocerme.
Lo bueno es que pude sujetarme.
De las ramas del árbol del Mundo. De mis propias ramas. Todas esas que saqué mientras echaba raíces en mi propio suelo, y en suelos ajenos, sin siquiera darme cuenta.
No niego que hay melodías que aún me hacen llorar.
Pero qué más lindo que llorar porque la emoción fue tal, que rebalsó el alma.
Qué más lindo que sentir. Y expresarlo.
Dejar ser al sentimiento. Dejarse ser.
Y dejar brotar a esa sonrisa. Sin más.