No te asustes niña que
el viento no viene solo.
Arrastra consigo un sinfín
de buenas nuevas.
No todo es dolor, niña,
verás que ese vacío del pecho
logra llenarse sin que te des cuenta,
niña, muñeca pequeña y de cristal.
Ojalá te vieras como los otros
logran percibir tu ser,
ojalá te sintieras fuerte,
niña de esencia frágil,
de coraza gruesa e impenetrable,
pequeña mujercita.
Intentas ocupar un envase miniatura
mientras tu alma podría cubrir superficies extensas,
sobrevolar los campos,
enriquecer las cosechas,
poner en libertad al ganado
y enfurecer terratenientes.
Temes empoderarte, tierna figura de cerámica,
que se rompe en mil pedazos
si no es bien cuidada.
(¿quién se hará responsable
del ungüento que ligue
todas las partes
si llega a caer?)
No pierdas de vista el frente,
niña pequeña, muchacha alma de miel.
Levanta en alto tu vista.
El mentón, vamos, más arriba.
No te eches a perder.
Los nuevos días están empezando a amanecer.
Amanecé con el Sol... tenés con qué.
fue un
jueves, mayo 24, 2018