No creo que entiendas por qué me alegro tanto cuando nos cruzamos. O por qué sonrío así cuando nos quedamos hablando. ¿Por qué me acuerdo tanto de las cosas que me vas contando, conforme pasan los días, sobre tus pasatiempos y tus alegrías? La atención hace lo suyo al grabar la información, se constituye la huella mnésica sin mucho trabajo. De repente, menciono algo que me comentaste hace unas semanas. Abrís grandes los ojos y me mirás fijo, y yo me sonrojo, porque me delata la memoria. Me excuso con que siempre me acuerdo de todo lo que me cuentan, "memoria auditiva" te invento. No te quiero mirar mucho para no exponerme, porque te clavo la mirada para convertir el acto de ver, en observar. Tus ojeritas y algún que otro pelo blanco asomando en el cuero cabelludo; tenés cara de cansado, quiero decirte que duermas un poco, pero yo tampoco lo hago. Empezás a hablar, contás algo. Hoy somos tres, una ventaja, para observarte fijo mientras desarrollás tu discurso. No creo que te des cuenta la forma que tengo de mirarte, no sé cuántas personas te habrán observado así antes. Pero si en ese preciso instante me vieras, si me prestaras atención y chequearas que me brillan los ojos por la alegría que me generás, te darías cuenta de todo.
Y después vuelvo a mi silla, entre las cuatro paredes de esta segunda casa que me ve crecer día a día, mientras pienso en este sentimiento extraño que aparece de la emoción convertida en afecto, sentimiento algo extraño y que aún no entiendo, pero que me gusta tanto sentir, tomo este aparato y entro a la aplicación, y empiezo a escribir con la fluidez que me surge cuando el alma está vibrando, cuando algo nuevo está aflorando, cuando me quedo con algo guardado que no pude demostrar. Y mientras salen las palabras, surge la prosa incansable, que pareciera interminable, por momentos, por el ser insaciable que solo encuentra una terapia en la escritura, mientras todo esto sucede inmediato al haberte visto, el aparato vibra, interrumpe al alma, y se despliega la barra superior, una notificación, tu nombre en su interior. Me da una alegría descomunal.
No creo que entiendas por qué me alegro tanto cuando me escribís. Tampoco creo que aún lo sepas... ni creo que sepas que generás todo esto. Pero me prometo, algún día, hacértelo saber.
fue un
jueves, mayo 03, 2018