el mundo es un sinfín de personajes
por cada persona una personalidad
y por cada minuto de vida, un personaje elegido
uno mantenido horas, otros minutos, otros segundos
otros en pensamientos, en fantasías, en proyecciones, en ilusiones, en recuerdos evocados
hasta inconscientes en sueños y recuerdos espontáneos
cada uno un personaje
millones de personajes por persona
millones de personas
como la teoría de la relatividad
cuánta energía emerge de acelerar a la masa
cuánta energía cabe en la mente de un cuerpo
que se fusiona con espíritu e instinto de una forma intuitiva
tan intuitiva como la intuición más pura de la naturaleza
esa que se evidencia inteligente detrás de las células
hechas de moléculas
uniones atómicas
denso núcleo y nube circundante
y de pronto la partícula es onda
y la onda partícula
cuánta energía hay detrás de cada pequeña parte
de cómo se alcanzó crear este lenguaje
o el aparato que toqueteo con mis pulgares
mientras reposa en mis manos entrecruzadas
y suena la música que me gusta en los parlantes
después de haber hablado por teléfono con alguien que no sólo se encuentra a unos kilómetros de acá sino que ni siquiera lo conozco
quiere comprarme el auto
y yo me pregunto
¿cómo crearon esta máquina?
¿hacia dónde va el progreso?
¿cuánto puede evolucionar?
¿qué pasa con esta consciencia
que no para de darse cuenta
de su existencia?
abruma a veces
¡cuanta energía!
y un día de nuevo
parar
a hacerla fluir
a recuperarla
como me enseñaron
que les enseñaron
a los que le enseñaron
desde que alguien, allá
lejos y hace tiempo
quién sabe cuándo
quizá antes del lenguaje
mediante señas
mediante actos
como la recupera cada día
el sol
saliendo por el este
como el mar que no se para de mover
como la vida misma
que fluye constante
mágica
real
siendo todo
parte
y la misma nada
etérea a la vez
que tangible
sensible
cálida
abstracta
moldeable
alma de hombre
y lobo de estepa
calma
y a la vez
terremoto
(como me dice papá)