Como pasó. Como viene pasando. Perfecto, en todo sentido.
Alguna vez leí, o me dijeron, o escuché,
que las cosas llegan cuando estamos preparados para recibirlas.
Quizá fue cuando Dios quiso que las recibamos.
Yo te recibí con los brazos abiertos de par en par hace algunos meses. Pero cuando te conocí no estaba preparada para vos. Ni para tu amor.
Hoy tampoco sé si estoy preparada, pero si esta frase es cierta, si esa frase es una certeza, quizás es así. Quizás Dios quiso que así sea. En el momento indicado.
El exacto. Ni antes, ni después.
Ni esa vez, o aquella otra, ni la del bar, ni la del parque, o la de la playa, el concierto, la plaza, mi cuarto, tu auto, ni en la avenida en la que jamás nos cruzamos, esa misma que ahora recorremos a menudo: uno conduciendo, el otro acariciándole el cabello, o la pierna, y cebándole un mate, mirándolo de reojo y preguntándose desinteresadamente por qué, por qué fue hoy y no ayer, por qué ahora, por qué justo vos, por qué justo yo.
Y juego girando mi anillo de plata en el dedo anular de mi mano izquierda. Indicios. Rituales.
Costumbres. Banales, pero especiales.
Motivo de alegría, de festejo.
Motivo de seguir día a día eligiendo.
Como lo hago desde no sé cuándo... Pero se ve que ya estaba preparada para esto.
Para vos. Para ser yo con vos.
Para ser Nosotros.