Me siento en la cama con la computadora en el regazo. Otro día más que se va, quedan sólo unas horas de noche que decidiré descansarlas porque me hace bien. Otro día de sentir el calor del ordenador suave sobre mis muslos, y el rebote amortiguado de las teclas que, una por una, son presionadas por mis dedos, dándole forma a las palabras que necesito para comunicar, de la manera más exacta y real posible, lo que brota de mi pecho. Y no, no hay palabras que jamás basten para describir todo el amor que siento, pero no hay problema, no me preocupan las palabras cuando los hechos fluyen como quiero que fluyan. Porque los permito, les doy espacio y lugar. Permito el beso en la frente, el mimo inesperado, la palabra de cariño que abraza y besa y nutre y llena de alegría el espacio al sentir que somos para alguien. Permito la caricia con versos tiernos que hacen que llegue, de alguna manera, todo este amor y esta pasión que siento cada vez que me doy cuenta que existís en este mundo, en este mundo que me parecía tan hostil y lleno de dolor, en este mundo que me hacía sufrir, ahí, existís. Existís y me hacés crecer, existís y me das un amor que me nutre, que me hace entender lo especial que soy, lo única que soy para alguien, para vos. Y te extraño como se extraña la panza de mamá, te extraño con los huesos, con necesidad, con empatía, porque sé que también me extrañás, te extraño cuando entro en la cama y me faltan tus pies, cuando abro los ojos y me falta tu nariz sonando relajadamente en cada respiración, cuando desayuno y me falta tu mirada frente a la mía sonriendo, disfrutando la tostada, poniéndole granola a la fruta, abriendo las cortinas para que entre el Sol y prendiendo la tele para escuchar los Cafres, cuando quiero besarte y me falta tu pelo para enterrarte la mano y no sacarla. Te amo y amo todo eso, amo que existas con todas esas singularidades y particularidades que te hacen especial. Amo verte alejarte en bicicleta. Amo que te asomes por el balcón a mirarme desde arriba, chiquitita, a unos segundos de volver a abrazarte y recordarte cuánto te amo.
Día 78. Un día menos, un día más. Un día hermoso pasó, día de amarte más que ayer y menos que mañana, día de reírme si me decís que me amás más porque yo también siento lo mismo. Y eso me hace reír al corazón.