sujetada

venía caminando por esa calle
que solemos caminar

a veces pienso que camino
sobre los mismos pasos
mismísimos

si la huella persistiera podría comprobarlo

me imagino partículas desprendiéndose
del concreto por debajo de mis suelas

quizá quien camine luego
en mi misma dirección
pero contrario sentido
levante esa errante partícula
ese pedazo de materia inerte
infimísimamente milimétrica
y contrariando a la entropía
vuelva a depositarse en el mismo
exactamente el mismísimo
espacio milimétrico
que alguna vez ya, en un pasado
ocupó

y así una y otra
y otra vez
y es que cada día yo misma
yo mismísima camino
en la misma dirección
pero sentidos contrarios
de mañana temprano
luego hacia el mediodía
y quizá durante la noche un rato
con destino errante y una helada en la mano
voy errando porque no hay orden bajo mis pies
si ni siquiera la más minúscula
partícula de concreto
es capaz de quedarse quieta
y aunque me gusta hacer de cuenta
que la entropía es combatible
y que yo misma
yo mismísima me encargo
de caminar por encima
en dirección idéntica
y sentido opuesto
para reacomodar el empuje que le genere al aire atmosférico
cuando pasé caminando
hacia un lado o hacia el otro
y quiero quizá reacomodar lo que rodea
porque quizá así, capaz,
con tanto orden alrededor
no sienta el desorden que se instala
acá adentro
no en la vereda ni la plaza
por la calle que caminamos todos los días
de ida y de vuelta
no en esos lugares públicos
sino acá
adentro
en mi misma
mismísima
psiquis

y vuelvo a venir caminando por esa calle que
solemos caminar
y vuelvo a levantar un trozo de asfalto
con la suela de mi zapatilla
y me pregunto si quizá hoy
en vez de quedar allí errante
esperando mi suela de nuevo
para volver a su origen y lugar
en vez de quedar allí, me pregunto
si puede quedarse sujetada a mi
y me acompañe hasta mi hogar