Qué mágica la reaparición del sentir. La añoranza torna todo más especial. Plúmbica espera, tornasolado pensamiento que mutaba constantemente dependiendo de la posición del observador. Profesional admirador que, curiosamente, se cansó de observar, constantemente, la vida pasar. Y por primera vez, después de un largo y profundo sueño de monotonía invernal, cama solitaria y vacía, almohada húmeda y ausencia onírica, su mente se sumerge en la tormenta de los sentimientos, nuevamente, como alguna vez ya lo había hecho. Como hacía tanto que no lo experimentaba. Como hacía tanto, y tanto necesitaba. O tal vez no era necesidad, pero sí un complemento. Más aún que ya se amaba. Más hoy, en estos días, tan plenos y brillantes, cielo lleno de diamantes, prometiendo un buen porvenir, entibiando el alma, derramando paz en todas las direcciones. El abdomen cosquillea y la sonrisa se dibuja instantánea ante su llegada. Ante su imagen en una nube de pensamiento. Ante la sombra de él fusionándose con la suya.
Y pensar que ni siquiera sabe que inspira estas palabras... Tal vez algún día pueda enviárselas. Dárselas a conocer. O simplemente pasárselo como quien no quiere la cosa, sin mencionar su autoría. Quiza en algún lugar, alguna vez, de alguna forma, sospeche quién es la musa... quizá encuentre el mensaje, y será que lo interprete, que lo lea entre líneas...