Las copas de los árboles golpearon fuerte contra los cables del tendido, echando abajo un poste, cortando la luz de nuevo. El poste cayó directo sobre el alféizar, y el chirrido de la cerámica resquebrajándose fue suficiente para hacerla despertar. Había pensado que ese día ni siquiera una murga podría levantarla de su sueño plúmbico. Falta de ganas, falta de sueño... Daba igual. Si la cabeza se cansaba más ahora que nada andaba bien.
Estiró la mano por la ventana. Sintió la lluvia.
No granizaba, pero las gotas parecían piedras. Pesadas, fuertes, sonoras contra el piso, aturdían si se concentraba demasiado.
El blanco del cielo hacia pensar que esa tormenta estaba llegando a su fin. La candidez la enceguecía, no podía mirar fijo por la ventana.
Cerró un poco la persiana para menguar la luz que ingresaba e intentó volver a dormir. La lluvia continuaba sin cesar. "Hoy fue un día de Sol" pensó. "Lo fue esta mañana. O quizá dormí demasiado y pasó el tiempo... Quizá sí, quizá ya es invierno... Cómo desearía que así fuera. El invierno trae el frío, el frío congela y acapara los recuerdos." El frío y su ausencia de calor, ausencia que estaba hace rato. Calor sincero que no sentía, pero que ahora se disimulaba por el calor estacional. Pero no era el calor correcto. Era el calor de la naturaleza. No el calor humano. Y ella lo sabía... No podía reemplazarlo.
Pero no quería sentirlo. Ya no más.