Me han hablado sobre lo que se siente amar sin ser amado.
Me contaron que duele.
Que se sufre.
Que salen siempre lastimados.
Nunca amé.
No conozco el amor.
El amor romántico, el amor apasionado,
el amor de película.
Hasta ahora, en mi vida, el amor es eso:
una película.
Una novela.
Irreal.
Ficcional.
Pero debe de existir.
Sino esas personas... Todas mentirían.
Y no deben de estar mintiendo.
Por que sino, mis padres...
Creo que mis padres no mienten.
No me mentirían.
No jugarían con eso.
Ayer me sentí extraña.
Porque recordé que el amor debe existir.
Y aunque yo no lo haya sentido,
supuestamente,
alguien lo siente por mí.
Y no logro entender por qué.
Por qué él sí lo siente.
Y por qué yo no.
Amar sin ser amado, duele...
Pero...
Que te amen sin amar, también.
O así lo siento yo.
Porque me está doliendo,
duele saber que,
quizás,
si yo lo amara
sería aún más feliz de lo que soy.
Y me duele quererlo.
Simplemente quererlo.
No amarlo.
Lo quiero, sí.
Y me importa...
Quisiera que no me importase.
Pero sé que amar sin ser amado duele.
Y me duele imaginar que le duele,
que le duele que no lo ame,
que le duele la incertidumbre,
de no saber si yo,
alguna vez,
lo amaré,
como él me ama a mí.
Mas no lo amo.
No siento amor.
No conozco lo que es.
Algún día llegará...
Y quizás me toque la suerte,
de amar sin ser amada.
Pero, mientras tanto,
seré amada sin amar,
anhelando que,
algún día,
o alguien me ame
y yo también lo ame...
o nadie me ame
y yo no ame a nadie.
Y el mundo seguiría girando igual.