Cruzada.


Blandiendo espadas de soledad
se cruzaron mirando por la ciudad.
Un vaivén de energías mezcladas,
de sus esencias desplegadas.
Sangran por dentro,
pero eso no se puede ver.
No es problema la carne,
sino quién la pone para comer.
No logran distinguirse,
ahí están:
Arrojados esperando
sentirse revolucionar.
Bailan entre luces y sonidos envolventes,
en compañía de duendes indecentes
que no los mira toda la gente
porque no quieren prestar atención.
Se van juntos de la mano,
consumiendo espirales, alterados.
Al ritmo de una suave melodía
de verano.
El aire que flota dispuesto en vertical,
está viciado.
Gira despacio, luego rápido,
se mueve dejando volar.