La gente no cambia. Uno de un día para el otro no es diferente. Sino, día tras día, tan sólo seríamos personas nuevas, completamente desconocidas de las que éramos en un ayer. Sino olvidaríamos el pasado. Sino no tendríamos recuerdos. Sino no seríamos ni siquiera nosotros mismos.
Pero uno vive y aprende a medida que crece. Y eso no lo hace cambiar, sino incorporar vivencias que hacen que uno, por experiencia, reaccione y responda de diferentes formas. Pero sin nunca abandonar el niño. Porque si dejamos al niño, borramos la parte de la vida más hermosa, esa en la que nos hicimos como somos ahora, en la que forjamos nuestra personalidad. En la que un golpe duro era caernos de un árbol, o que se nos caiga al suelo el chupetin que recién habíamos comprado en el kiosco. Si dejamos al niño, vamos siendo adultos de un día para el otro, y nos hace ser infelices eso, porque olvidamos las risas inocentes, y los momentos en los que las decisiones importantes se solucionaban con un simple piedra papel o tijera. Momentos en los que sólo bastaba un 'piedra libre para todos mis compañeros' para salvar al resto de mis amigos de que alguno de ellos sea el que le toque contar.
Y acá estamos nosotros. Los del alma de niño-adulto. No en pleno choque. No en constante desequilibrio. Sino en armonía. Ambas partes integradas, asimilando. Y no es que vivimos berrincheando, porque aprendimos, con los años, que el berrinche no sirve, que cuando es no, es NO, y si queremos obtenerlo, hay que tratar de buscarlo por otros medios. Vivimos sonriendo porque sabemos que mirar la vida con ojos de niño nos da la posibilidad de pensar que siempre hay solución, que siempre puede haber final feliz, como en los cuentos que nos leían de chiquitos! Por eso, ahora, más que nunca, en este mundo tan lleno de miseria, tristeza y soledad, aferrémonos a ese niño interior y nunca lo dejemos. Porque es el que sabe ver el Sol detrás de las nubes, la compañía en el medio de la nada, el amor entre tanto odio. Porque nos curtimos así, somos quienes somos, y no lo que quieren los demás..., y eso es maravilloso.
Niño-adulto
fue un
jueves, febrero 14, 2013