Óyeme.
Tu...
Quisiera que sepas,
y que lo sepas con certeza:
Mi mayor anhelo es tu felicidad.
No creas que me olvido
de aquellos días,
felices,
donde sólo éramos tú y yo,
tan solo niñas,
pequeñas y ilusas,
felices.
Tú...
Tú has dado todo,
te dejaste llevar con el paso del tiempo,
pero esos dulces tragos
se convirtieron en dolor,
pena y amargura,
sin sonrisas ni brillo,
sin el color de la piel,
sin el sonido de cada suspiro,
o de los latidos del corazón.
Tú...
Quisiera que sepas,
Y que lo sepas con certeza:
Mi mayor anhelo es tu felicidad.
Aún recuerdo cuando tan sólo reías.
Luz pura,
irradiabas,
todo el tiempo,
por cada centímetro de tu cuerpo,
un mágico resplandor.
Tan frenética e infantil,
ni te detenias a pensar en el amor...
Pero...
Tú...
Sólo reías.
Y llegó.
Sólo reías, y apareció.
Y reíste más aún y comprendiste,
supiste ahí mismo,
que tu alma se había mudado de cuerpo.
Un alma que voló,
se elevó,
y dando giros en el aire se depositó,
se posó sobre ese otro ser,
antes desconocido,
antes innecesario;
ahora maravilloso,
ahora imprescindible.
Y tú...
Aquí estás.
Tan fría y solitaria,
dolida y abandonada.
¿Qué te hizo?
¿Qué fue lo que te hizo?
Tomó el poder,
las riendas,
y te dominó.
Y...
Tú.
Aquí estás.
En la nada.
Aterrada.
Con frío, en soledad.
Con dolor, en abandono.
Cuentas los días y las horas...
Yo sólo quiero que recuerdes,
eso que ya no recuerdas,
esas luces,
ese resplandor,
esas maravillas que te fascinaban,
cuando todo alguna vez fue risas,
cuando tu alma aún estaba contigo.
Yo...
Quisiera recordártelo,
para que la vida retome el sentido,
para que,
tú,
mi pequeña,
lucecita,
luminosa,
libre y risueña,
vuelvas a sonreír,
y que tú,
pedacito de mi vida,
hermana de mi alma,
creas nuevamente,
con esperanzas,
con sonrisas,
con sueños,
fervientemente,
y más que nunca,
en el amor.
Y tú...
Quisiera que sepas,
Y que lo sepas con certeza:
Mi mayor anhelo es tu felicidad.
-mipequeñalucecita-
fue un
lunes, febrero 25, 2013