meditación

Almohadón en el suelo. Rostro al frente. Ojos cerrados. Espalda firme.
Hombros hacia atrás. Mi abdomen se expande. Es la atmósfera entrando en mis pulmones. También entra el prana a través de muladhara.
Comienza el fluir de pensamientos. Me preparo para darles la bienvenida a todos. El incienso en el aire me ayuda a relajarme. También la lavanda en mis sienes. 
Ingresan uno a uno en mi chidakasha. Les sonrío. Algunos me aceleran un poco la respiración. Pero rápidamente mi consciencia me lo avisa. También le sonrío a ella por su aviso. Sé que aún no tengo todo el control, ni sé si lo tendré, pero día a día progreso y me entrego a aquello. A intentarlo. Es un proceso que a veces se desacelera. Momentos de la vida en los que las emociones son tantas que me sobrepasan. Pero siempre vuelvo. Y vuelvo con más disciplina, orden y devoción. Vuelvo más entregada y predispuesta. Vuelvo más humana. Más vivida. Con más tiempo en la trayectoria que inició vaya a saber quién cuándo, si hace los años que nací, los que fui fecundada, los que fui buscada y deseada, o son los que ni siquiera existía en la idea de mi madre y de mi padre. Quizá sólo era átomos, moléculas, membranas celulares, electrones y protones, quarks, que de pronto abandonan su forma y comienzan a vibrar, vibran imparables, variando sus frecuencias y amplitudes, y cada vez que impacta contra otra vibración genera una vibración nueva, donde se dejó algo de las dos vibraciones que se encontraron y tomó identidad, existencia, pero no es más que una parte más de todo, ni más ni menos. Es una parte necesaria del todo.

Creo que estoy aprendiendo a meditar de nuevo. Abandoné la meditación cuando me perturbé para darle identidad. Identidad necesaria para ver al golem de la perturbación a los ojos de una vez, y aprehenderla. Hubo algo que pasó, pero sigo siendo, sigo viendo, sigo escuchando, sigo caminando, sigo viviendo, sigo amando, y lo comprobé, y así será, hoy y siempre, porque no siento que exista el tiempo, porque todo esto es eterno. Y a la vez veo que vivo hoy, viví ayer y viviré mañana, asumo el límite de esta vida y de cómo llevarla para vivirla más plena, más libre y alegre, sin palabras complejas, sin más que emociones buscadas, abrazos frecuentes y amor, amor del bueno e infinito, amor de vibraciones que se encuentran y crean, y crean, y crean. Y que no paran de encontrarse porque así lo quieren, lo buscan y lo hacen saber. Porque se aprecian. Se conocen y quieren seguir haciéndolo. Se respetan. Se conquistan. Se aman. Sonrisa hermosa y ojos suaves que me miran de costado. Los respiro, a los ojos y a la sonrisa los respiro por mi nariz. Entrás en mi interior y me abrazás el corazón.

Suena la alarma. Termina mi meditación. No abro aún los ojos, me flexiono sobre mis piernas, exhalando suavemente en la medida que presiono la flexión. Apoyo mi abdomen sobre mis muslos. "Esto tampoco lograba hacerlo hace un tiempo" me recuerdo. Me recuerdo que medité sobre mi relación conmigo misma. Recuerdo que lo que pasó y perturbó, hoy es herramienta nueva en la cajita. Recuerdo el abrazo antes de que suene la alarma. Miro hacia dentro y ahí descansa un trozo de tu corazón, sobre un lugar del mío donde también le falta un pedacito, pero que no duele ni sangra, hace de curita. Podría decirle apósito, pero curita me hace pensar en nuestra niñez, cuando alguien nos asistía con amor luego de lastimarnos. Pero me pusiste una curita en un lugar que sangraba un poco. Recuerdo saber que podías hacerlo y dejarme ayudar. Soy yo la que decide. Recuerdo que el pasado no es hoy, y hoy soy la que decide. La que se abraza, la que dice que sí, con un coraje que me permite ir para delante aunque me acompañen con dos miedos: uno que me cuenta que me amo, me cuido y me preocupo por mí, y otro que me cuenta que te amo, te cuido, y me preocupo por vos.