Demasiada belleza para estos ojos

Demasiada belleza para estos ojos. Incomprensible.

La inquietud que genera la falta de comprensión se disipa cuando se acepta la belleza de la vida. Cuando se agradece el día que acaba de empezar. Sea la hora del día que sea, al agradecer el día de vida, este empieza realmente.

No importan los por qué, ni los como. El presente es este que acontece. Brotan lágrimas de emoción. "Estoy frente al mar" me digo. Hoy ya no es ni un consuelo, ni una ventaja. Es un hecho. Aquí estoy, no importa ya cómo ni por qué. Pero su inmensidad me ha demostrado, otra vez, lo pequeña que soy frente al mundo, lo insignificante de mis análisis y mis pensamientos. Mi cuerpo es parte de este gran todo, junto con mi ser, mi espíritu. Todos somos parte de este todo. El todo es el mar y también soy yo. El todo no es todo sin una de sus partes. Por lo tanto, mi presencia en este todo es importante como cualquier otra presencia. Mi energía es necesaria, porque de otra manera el todo no sería todo, y así es como es. Cada parte es importante por igual. Cualquier individuo que sea parte es igual de importante y crucial para este gran Universo. 

También es parte esta pared de concreto. Esta planta. Este libro que reposa en mi regazo. Todo en su lugar exacto, ni más lejos ni más cerca. Todo donde tiene que estarlo. Incluso este móvil, que, sujeto con mis manos, me permite, una por una, dibujar palabras, hilar frases, y convertir mis pensamientos en creación pura. Convertirlos en este fluir de ideas que han venido a mí de solo mirar al mar y descubrir que es demasiada belleza para mis ojos.