atardecer desde la playa

Aterrizaje sobre el agua.
Cielo heterogéneo.
Menguan los algodones blancos
mientras el astro reposa
sobre la cima del Hotel 3.
Sopla suave, frío viento.
Acaricianos con tu salitre.
Cálida arena abraza las piernas
ayuda a recuperar parte del calor perdido.
Tibio suelo, brillante, fugaz.
Se vuelve polvo al sujetarlo con las manos.
Vira de color
la atmósfera lejana.
Rosa, violeta, azul.
Negro, naranja, turquesa.
Sopla más frío.
Tiemblan cuerpos para combatirlo.
También tiembla un corazón,
y otro corazón.
Están cerca, hablan sin palabras.
Son caras, hechos, miradas.
Son abrazos, arena mediante.
Camaradería, acompañamiento.
Soledad confortable, esa de alma.
Sentirse uno con uno delante de un otro.
Besar la propia consciencia.
Entransparentecerse.
E inventar palabras que puedan
explicar
sentimientos nuevos, únicos.
Sentimiento hacia un ajeno
que engrandece el sentimiento propio.
Que alienta las expectativas.
Que apoya sin lugar a dudas.
Que sonríe ante la adversidad,
cuida
y protege.
Sentimiento de pureza de corazón.
De desinterés, sólo amor.
Solo aceptación. Abrazamiento.
Que nunca se niega ni se abandona.
Ni aún bajo la tormenta, granice o truene.
Soplen tornados.
Viren los vientos
hacia destinos lejanos
Ni aún a diez mil kilómetros
de soltar las manos. 
No hay distancia que rompa lazos.


(del 12 de diciembre de 2020)