no hay abrazos
suficientes
ni tan fuertes
ni tan certeros
sinceros

no hay tristeza
como la incertidumbre
del mañana

siempre fui buena para las despedidas
quizá porque aceptaba
que así es el curso
de la vida
quizá porque cada
despedida
me dejó enseñanzas
y a mí que
me encanta aprender

pero esta vez
el dolor duele más
y los viejos miedos
que no paran
de perturbar
y otra vez
mi propia mente
se para enfrente
como una especie
de enemiga

hallar un buen lugar
para apagarse despacio
para esperar el desenlace
que no es otro
que el que ya se sabe
que será
de antemano

y el interrogante
la incógnita
la equis de la ecuación
es cómo
se va a sentir
este vacío
que es tan profundo
e intenso
aún todavía
encontrándote
de casualidad
a la vuelta de la esquina