Ya van cuatro.
Obturo el lente. Captura guardada.
Me quedo mirando. Observo.
Grabo. A fuego.
Como el Sol que se posa en nuestra piel
ahora, en este momento.
En el que el sentido de mi vida se revela
frente a nuestros ojos
en medio de nuestras almas.
El sentido de la vida hablando,
demostrándose allí.
En el medio de una habitación
de paredes blancas
y amor explícito.
Amor, eso es.
El sentido más real de la vida.
El más sincero, seguro y entero.
Amor a algo. A alguien. A un otro.
Entrega.
Reciprocidad y solidaridad.
De esa que nutre. Rejuvenece.
Aumenta las energías.
Mima justo allí en el centro.
Amor desinteresado.
Ese que da lo que le gustaría recibir
pero sin esperarlo.
Ese que es como querría que fueran con él.
Ese que es. Se da y entrega.
Porque sí.
Porque es amor.
Y el amor ama.
Con todas las fuerzas.
Ama, ilimitado. Desenfrenado.
Asimilado. Convertido en aire... y respirado.