"Si la uva está hecha de vino, quizás nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos."
Eduardo Galeano, en El Libro de los Abrazos
Días, otros, en los que es insoportable.
No se lo puede ni analizar. Imposible pensar en eso.
Buscamos ruidos, sonidos, formas musicales, elementos de esta naturaleza, de este universo, que entretengan nuestros oídos.
Que no nos dejen en silencio.
Que tapen ese análisis. Ese encuentro con el alma. Ese pesar.
Hay días en los que el silencio es necesario.
Como un suspiro. Un bostezo.
O como respirar bien hondo, hasta sentir llenitos llenitos los pulmones.
Como comer mucho, y algo bien rico, esa comida que nos gusta tanto que alimenta hasta de pensarla. Que la comemos hasta por los ojos. Que te deja diciendo que no podés más.
También hay días en los que pensamos en esto.
En lo que implica el silencio. Y cómo nos refugiamos en el sonido.
Días como hoy, donde se escriben estas líneas. Donde abrazo aún a los murmullos. Los motores lejanos. Las bocinas de los autos.
Y de tanto silencio, de repente, la escucho sonar. Suena. Vibra en los adentros.
Acaricia las mejillas.
Está cantando. Haciéndose oír.
Es esa cancioncita... aquella.
La melodía del alma.