quien pudiera ser pájaro
para sobrevolar estas cumbres
planeando sobre los árboles
haciendo base en una rama
para inhalar el aire profundo
y llenar mis pulmones
quien pudiera construir un fuerte
que proteja a mi corazón
para conservar esta paz que siento
acá sentada sobre una piedra
con el lago turquesa en el frente
espejo de cumbres y de Sol
me tranquiliza saber que tengo
la capacidad de guardar un recuerdo
para luego evocar esta memoria
tan viva, tan maravillosa
quien pudiera construir una vasija
donde guardar mis memorias preciadas
donde cuidar y conservar este sentimiento
para que, cuando mi límbico perezca
pueda repetirse una y otra vez
y recordar lo que fui, lo que pude ser
soy una pizca de sal en el mar,
una hoja marchitándose en el bosque
más extenso que pudiera imaginar
soy una autómata de lunes a viernes
que se detiene a pensar un domingo
en por qué no se detuvo el sábado
¤¤¤
Avanzo con una supuesta dirección.
Quién sabe si voy a llegar.
Quién sabe si lo puedo lograr.
Es el hoy mi única certeza,
aunque, aún así, me pregunto:
¿qué es el hoy? ¿qué soy?
¿acaso tengo seguridad alguna
de vivir y sentir lo que dicen
que vivo y siento?
Me asusta el desconocimiento,
por momentos, me refugio.
Me hago más pequeña de lo que soy.
Luego, me descuido. Y desato la mente.
Dejo ser al ser. Correr a la memoria.
Dejo descubrirme en un susurro,
o encontrarme a mí misma
meciéndome en el viento
convertida en naturaleza
y fusionándome con el cielo.
Dejo ser al ser porque sino no hay nada
que se pueda comparar
con la sensación de libertad
que hay acá afuera.
Huir de la vorágine con la que
me encuentro siempre envuelta.
Ser hija del Sol, que tanto
me ama y me alimenta.
Respirar el aire fresco
que trae los olores del bosque
gracias a este viento Andino
que se desató de repente
con el susurro de un cuento.
¤¤¤
(y quizá si fuera pájaro
no sería especial
llegar hasta esta cima
y apreciar mi pequeñez
rodeada de tanta
inmensidad)