año viejo, año nuevo (obvio, no podía faltar una que hablara de esto)

Hoy se termina el año. Sí, es 31 de diciembre. Tengo tantas cosas en la cabeza que no me podría organizar, pero tengo intención de resaltar dos grandes eventos: por un lado, haber viajado fuera del país. Por el otro, haber aprendido a decir "no quiero". Cuán difíciles eran esas dos palabras. Siempre convertidas en excusa "...no puedo porque...".
Hace algunos años me di cuenta de que no servía la vida si vivía no pudiendo. ¿Qué es "no poder"? No poder volar por no tener alas, no poder correr si no tengo piernas, no poder ver el Sol si carezco de ojos. La Real Academía Española define al verbo "poder" como la "capacidad o potestad para hacer algo". Proviene del latín potere, y este a su vez de posse, que significa "ser capaz". Puede usarse entonces como verbo o como sustantivo. La verdad es que pasar de no poder a poder, o tener poder de hacer, parece bastante sencillo en la mayoría de los casos. De hecho, algunos filósofos contemporáneos afirman que nada es imposible -por lo tanto todos tendríamos la postestad de hacer cualquier cosa que quisiéramos-. Incluso fue el slogan de una marca de ropa deportiva durante mucho tiempo (y desconozco si lo sigue siendo). La realidad es que muchos somos capaces de hacer la mayoria de las cosas que queremos, o, para no delirar con ideas sobrenaturales, de hacer la mayoría de las cosas que suelen hacer los humanos en general. Quizá de pronto, el límite entre poder y no poder no es estrecho, sino un vasto y largo camino de aprendizajes, enfrentamientos y desafíos. Y por eso, el poder se encuentra lejos, lo que nos asusta y nos apichona, quedándonos a un lado, sin animarnos a mas -quedándonos, justamente, en el "no poder"-. Ahora, analizándolo con mayor profundidad, desde la semántica inclusive, ¿es realmente no poder, o quizá es no querer llevar a cabo los pasos necesarios para adquirir la capacidad, y, a partir de eso, poder? ¿es realmente "no puedo, tengo que hacer otra cosa", cuando la forma correcta (o la forma que más libre me hace sentir, mejor dicho) sería, quizá, "no quiero, quiero hacer otra cosa"? "No puedo, ya me comprometí" versus "No quiero enfrentarme a la posibilidad de que la persona con la cual había hecho planes no esté conforme con que yo misma haga uso de mi libre albedrío y decida hacer otra cosa en lugar de verla". Todo el tiempo excusándonos, no haciendo lo que queremos hacer, formulando contratos verbales de  compromiso, buscando algo que nos sirva de motivo... ¿en serio somos tan infelices? ¿tan poco auténticos? No, porque no quiero, y punto. Quiero esto, aquello. Es mi vida, la única que tengo, la que se escurre entre los dedos minuto a minuto. Elijo estar aquí sentada escribiendo y no haciendo otras cosas. Elijo con quien comparto mis días. Elijo mi trabajo, lo que quiero estudiar. Y aprendí, finalmente, a decir "no quiero" sin tapujos, sin rodeos, sin miedos. Aunque parezca aniñado, aunque algunos crean que es pura frontalización, descubrí que el hoy y ahora es todo lo que tengo. La certeza de perdurar es estúpida, no me convence, no me sirve más que para dejar para mañana lo que en realidad quiero hacer hoy, pero no lo hago, porque "no puedo". Y el mañana es una incógnita, así como mi propia existencia, que cada vez se asemeja más al polvo de estrellas que a algún otro ser humano que ande rondando por acá... y eso que estoy en mi casa, y es 31 de diciembre, y hoy se termina el año...