cuerdas

Fue una cuerda la causante.
Ni muy gruesa ni fría ni áspera ni tajante.
Fue una cuerda diferente,
de esas que no consigo en la ferretería ni en las mercerías.
Fue una cuerda cálida, especial.
Cuerda que me agarró en la caída sin lastimar al frenar el impacto.
Me agarró con suavidad, deslizándome como pluma.
Me agarró en el momento justo, a punto de estallar.
Me agarró y me hizo de abrigo, una especie de tapado grande que me cubría en todo lugar.
Una especie de cajita que aún en su interior me permitía respirar.
Una frazada en la cama o una estufa en invierno.
Un sueño resplandeciente y esperanzador.
Una luna encantadora cruzando el cielo.
Un día de playa, celeste eterno.
La música misma, sonando en el aire, invocando recuerdos.
Todo esto y más, una ¿simple? cuerda.
Todo esto y más, una cuerda hermosa.
Cuerda que está sosteniendo estas palabras.
Cuerda que me está sosteniendo en este momento.