Teme haber tirado demasiado de esa cuerda. No reconoce si fue ella quien permitió que la palabra amor se convierta en poseer, si derivó de la obsesión, si el celo tuvo origen en la desconfianza. Desconfiar, ¿innatamente? ¿o adquirió esa cualidad en este último tiempo? ¿qué hizo que le dio la pauta de tal descabellada idea? Y no sabe como dar vuelta atrás y volver a esos primeros momentos, de sentimiento puro y sencillo, de matices claros y brillantes derramándose sobre los dos con la suavidad de la seda, con un dulce embriagador, que los drogaba de pies a cabeza, con sólo olerse las pieles, con sólo rozarse las manos, con sólo mirarse a los ojos con ese gesto tan sincero, ese deseo tan firme, esa sonrisa tan persistente, perenne en sus caras desde ese julio inusualmente cálido, que abrazaba sus almas con un tierno susurro, delante de la luz del fuego del hogar, testigo del génesis.