¿Te hablaron alguna vez de la resignación? ¿De lo que significa rendirse después de tantos «no»? ¿Del dolor del alma cuando la espera se convierte en un irreversible «adiós»? Y luego de recibir la espalda una y otra vez, el cuerpo se estremece de tanto frío. Tiemblan los brazos. El alma llora sin parar. Sólo pide volver a casa. Abrazar la almohada, y dormir, y soñar. Soñar con el sueño que una vez esperaba que se hiciera realidad. Soñar que no murió, desnutrido, congelado, en una esquina de la habitación, esperando ser acariciado. Una mínima caricia que roce la mejilla, que abrace el ser y se suba a su pasión, que dancen de la mano en la historia de los dos, tiernos niños enamorados, hamacándose en la espera del amor. Amor perdido, escondido, olvidado, en el arcón de los juguetes del altillo del corazón.