... pero el corazón ve más allá.
(Una tarea de filosofía)
Y día a día, llegando a los demás, vamos encontrándonos a nosotros. En el resto encontramos nuestro reflejo, personalidad de uno presente, en parte, en el prójimo que nos acompaña a cada hora. Y comenzamos a conocernos, haciéndonos plenos, encontrando fe, en nosotros, en otros, en dioses, pero fe que da fuerza para la vida, las vivencias que no sólo son, sino que también nos hacen. Transforman lo que somos, liman asperezas, definen aspectos, formas de ser, de reaccionar, de comprender, de disfrutar, de vivir. Necesitando a los demás a veces nos olvidamos que lo principal que tenemos en este muc¡ndo somos nosotros mismos. En esa esencia del alma que acompaña al cuerpo: con lo que llegamos y con lo que nos vamos. Y por nuestra vida pasa familia, amigos, amores, compañeros... Pero nunca sabemos quiénes nos acompañarán hasta el final. Es de la esencia pensar que las personas deben ser amadas mientras están, y dejarlas volar cuando quieran hacerlo. Porque la vida, única, no puede amarrarnos; debe dejar libre, fluir como el agua, permitir el vuelo, el sueño, la meta. Proponerse vivir con uno mismo, íntegro, ser humano, completo, pero a pedazos, dejando marcas y huellas en la vida, en las personas, en el camino transitado.
La esencia nos califica. Nos define. Maravilla o decepciona a otros, pero es la imagen más real y sincera: es nuestro interior, nuestro corazón, mostrándose, expresándose; a veces medio oculto, a veces un poco confuso, pero siempre perceptible, sensible al tacto, a las miradas, a los olores, al movimiento de la vida. Corazón que va siguiendo un ritmo, un latido, profundo: el de la esencia, que despacio va surgiendo, expandiéndose, fluyendo desde nuestro interior e inundando el derredor.