Aceptamos el amor que creemos merecer.
Así que salí temprano y me fui hasta la puerta de tu casa. Todavía no te habías ido al trabajo. Pasé a darte un beso y terminamos haciendo el amor. Entre otras cosas, me dijiste que estabas enamorado de mí. Yo te dije que íbamos a estar juntos para siempre, excepto algún que otro mes o meses que viajáramos por separado. Aunque aún ahí nos mantenemos juntos porque nos llevamos dentro. Lo comprobé este último tiempo. Te llevo tan dentro mío como si hubiésemos sido gestados en el mismo vientre. Tu mirada me da calma automática. Incluso pensarla. Pase lo que pase, no importa dónde ni cómo, pensarte me da paz. Tu voz me da paz. Paz que ya llevo conmigo pero ahora tengo un comodín automático que es tu sonrisa en tu cara mirándome de lejos con esos ojos de puro amor. 
Te retrato en todos lados. Me apuro a fotografiarte para guardarte en más recuerdos que solo los de mi mente. Porque tengo una memoria que a veces se dispersa y le cuesta prestar atención. Más en momentos como este en los que me cuelgo pensando en qué habré hecho tan bien como para que el Universo me regale tu Presencia. Para que una persona como Vos me esté regalando su tiempo y vida. Pero al instante vuelvo al presente, te miro reflejado en mí, me miro reflejada en Vos, y reconozco todo ese amor tan noble y sincero porque es el mismo amor que vibra e ilumina desde dentro de mi pecho. Es el amor por la vida. Amor por el amor.
Y sonrío.