sentires

El alma liberada frente a un otro.
El sentimiento de pertenencia sin dominio. La compañía que mima a la par que golpea, aconseja sin descuidar las críticas, con el objetivo final: ver a un otro crecer.
Como si brotaran ramas de sus brazos,
y sus brazos como ramas
dejaran ver hojas verdes
gruesas de agua y savia y carne.

Se sacuden las hojas y pequeñas gotículas de rocío se desparraman sobre el suelo.
Sonríe el tronco y cierra los ojos en señal de agradecimiento.
La rugosa superficie no refleja más que lo mucho que recorrió y vivió. Esos días difíciles de estar uno con uno 
y descubrir las profundidades más oscuras y carentes de oxígeno. El miedo a la muerte no es nada comparado con el miedo más grande del alma libre: morir sin ser en esencia.
Y la muerte que parece siempre estar pispeando por abajo de la puerta, que no avisa ni anuncia ni enciende la luz al pasar. Que sorprende y deja gusto amargo.
Esa que salís a combatir mientras día a día honrás la vida.
Mientras depositás la energía sobre tu tierra,
sobre cada paso que das,
sobre las gotas que impregnan tus hojas verdes
gruesas de agua y savia y carne.

No dejes de ascender. Que nada te deshoje.