tren a cascais

Miro por la ventana del tren. Estoy lejos de mi casa de turno, pero muchísimo más lejos de mi verdadero hogar.
Palmeras se yerguen en la vera del camino. Palmeras. Son tantas.
Se dibuja una sonrisa en mi cabeza, esa sonrisa que conozco hace poco, y aún así, extraño.
Extrañar con una fuerza dulce en el pecho que me arrulla y me canta una canción de cuna.
Extrañar, sana extrañeza. Esa que enseña, guía y cuida. Que me permite nadar en un mar de pensamientos que quizá son ilusos y nunca verán la realidad. Pero puedo pensar. Puedo flashear, como nos gusta decir a nosotros. Y lo disfruto. Y te abrazo en un flash. Te evoco en mi memoria.
Más y más palmeras y no puedo no pensar en cómo disfrutarías este paisaje. Y no puedo no pensar en lo grato que sería poder verte, al menos un rato, a mi lado.