Te amo. Gracias.

Queman los recuerdos.
Tengo un amor tan grande, siento un amor tan fuerte, que logro evocar un recuerdo con tal intensidad que sentí la suavidad de tu brazo rodeando mi espalda de izquierda a derecha como aquel día que, en la puerta de mi casa, vimos la lluvia caer, semiabrazados. Apoyé mi cabeza en tu hombro. La acabo de apoyar. Recién. Se sintió igual.
No sabés qué real que fue. No sabés cómo me sentí.
Lo que me hacés sentir. No tiene comparación.
Tal pureza del amor.
Te amo. Gracias.
Quema tu recuerdo. Dolor suave que me besa en las mejillas, luego en la boca.
El sol incide sobre tu frente. Tu frente descansa frente a mi. Tu cabeza permanece apoyada en mi muslo.
Te amo. Gracias. Quema tu aroma. Dulce olor que penetra en mis pulmones.
Me quedo sin aliento. Te amo.
Se lo digo al universo. No te lo quiero decir.
No de nuevo. No sirve de nada.
Te amo. Se expande en el aire. Rebota en un cuerpo celeste.
Alguna estrella está muriendo, en algún lugar de la galaxia, en este preciso instante.
El amor va a morir paulatinamente. Lo sé. Aunque no lo crea. Aunque lo sienta de una forma que pareciera que permanecerá eterno, junto a mí.
Pero gracias. Eso sí que no se va a vencer. Sabes que sí, que la impronta jamás muere.
Gracias.