así como cuando sabés que
el perdón
puede ser un acto
de piedad
y te mordés los labios
amoldándote al común denominador
social
que perdona
porque así es que
Dios manda
y porque así regalás
un entretiempo de calma
a esa perturbada alma
que vino de rodillas
con las manos sujetadas
por las palmas
con insomnio y desazón
con el rostro desahuciado
y un hilo de vida colgándole
por la comisura de la boca
y el rabillo del ojo
quemado por la sal
así como cuando tu piedad
inventa en ese ser
ajeno y diferente
un pacto de paz
tregua al alma
que no logra descansar
padeciendo la espera del perdón
con el cuello debajo
del filo de la guillotina
esperando que un viento fuerte
quizá, por negligencia
de aquel que anudó la cuerda
desparrame su sangre por el suelo
apagando su ser para siempre
o la soga rodeando el cuello
sosteniendo su peso sobre un banco de madera
sometido al paso del tiempo
alimento de millones de termitas hambrientas
que acabaron con la estructura interna
de una de esas cuatro patas
y que pronto sucumbirá, inesperadamente
dejará su cuerpo colgado
sumergiéndose en lo inerte
así como cuando sabés que
un acto de piedad
puede salvar una vida
así como cuando sabés que
una mentira piadosa
puede preservar la esperanza
esperando