14 de febrero

Mis pulpejos rozando su piel.
¿qué hay entre medio?
Tan suave que me estremece.
Suavidad que emociona.

Quisiera seguir rozándola
hasta desgastarme las manos.

Tu ser rozando mi sed,
¿qué hay entre los dos?

Mi sed siendo saciada.

Te veo a lo lejos.

De repente, un desierto a mi alrededor.

Te vas acercando.
El desierto me azota.
Su clima se vuelve una condena,
una tortura,
un martirio.
Insoportable es,
me golpea,
me deshidrato,
se irritan mis ojos
con la arena y con el Sol.

Veo el oasis, está allí,
no es un espejismo.
Cada vez más cerca.

La sed se hace insoportable.
Deliro.
Delirio demencial.
Alucinosis.
No coordino.
¿Quién soy? Tengo sed.
Me derrito.
Me arrastro.
Falta poco... lo alcanzo.

Llego al oasis.
Derramo mi cuerpo
por completo.
Mojo mis labios,
introduzco la cara,
sumerjo mi cabeza.

Recuperé la vida
volvió el alma en mí.
Ese alma que salió corriendo,
que se desprendió de mi cuerpo
cuando percibí tu figura en el espacio.
Que huyó hacia vos,
resagándome el cuerpo, mi ser.
Persona humana
que intenta salvaguardar la conducta,
que procede a actuar de manera prudente
y no se animó a ir detrás del alma;
correr como ella quería
y saltar al encuentro.
Correr como corren los niños
y las almas enamoradas.
Correr como el tiempo
que se va sin volver.
Que no da lugar a segundas oportunidades,
a dar marcha atrás y dejarse ser
para correr detrás del alma
y no envejecer.