por las rutas del sur de Italia

15 de Julio de 2018
Suena Negra Murguera en el auto. Estamos en la Autostrada Adriatica. Mi mejor amigo al volante, Caro de copiloto, Rosa y yo atrás. Acabamos de bordear los pueblos de Andria y Barletta, vamos camino a la costa amalfitana. A ambos lados de la autopista hay árboles de olivos como si fuese la única vegetación que pudiera crecer en esta tierra. De vez en cuando aparece una tuna, algunos arbustos floreados. Un puente se interpone cada algunos kilómetros para que otros autos crucen la autopista por encima. Ahora suena la Portuaria. La ruta y este tema me hace acordar a mi infancia, cuando íbamos a la costa con mamá, papa y mi hermana. Pero ahora estoy en la Autostrada dei Due Mari - Autopista de los dos mares - en el sur de Italia, con tres personas hermosas que son parte de mi descanso y mis vacaciones. En otro auto, haciendo el mismo camino, Santi, Luis y Eze. Increíble estar yendo a la costa oeste desde la este, y llegar en sólo dos horas. Eric nos explica cosas de historia que aprendió ayer caminando por la ciudad y leyendo. Nos cuenta que el Reino de Nápoles cayó con la batalla de Bitonto -el pueblo donde estuvimos parando dos días- en la época del 1700. A lo lejos se ven molinos girando suavemente con el viento, y colinas que pierden sus límites por la neblina de la montaña y la distancia. Algunos autos pasan a mayor velocidad que el nuestro a la izquierda. Estamos yendo a 100 km/h, a menos de dos horas de nuestro destino. A veces Eric se anima a subir la velocidad a 140 y la levanta como si nada, de un momento para el otro. El auto que alquilamos es un máquina hermosa. Cantamos, miramos por la ventana, charlamos, nos quedamos en silencio. Yo aprovecho a escribir porque me vibra tanto el corazón en este lugar que necesito expresarme. Me gusta tanto estar acá con estas personas que la alegría me sobrepasa. No sonrío, estoy seria pero pensativa, estoy feliz sin una sonrisa en la cara por estar viviendo lo que estoy viviendo. La sensación es indescriptible. Lo intento con todas mis fuerzas, con textos, con fotos, con historias. Pero es imposible hacer un todo con estas partes. El todo existe sólo en mi cabeza, con la fusión de mis sentidos, el olor de este aire, el brillo y los colores del paisaje, los molinos girando, el verde de los árboles, los sonidos de los pájaros y la música, el calor del sol en mi piel, la memoria consolidándose minuto a minuto. Abro bien grandes los ojos para mirar, observar, recordar, no olvidar. Se me eriza la piel y se me llenan los ojos de lágrimas, no quiero dejarlas brotar. Esto es tan maravilloso que me emociona. Soy tan pequeña en este mundo. Tan chiquita con la inmensidad que nos rodea, tan minúscula entre medio de tanta naturaleza, furiosa con nosotros por modificarla a nuestro gusto y placer, pero bondadosa y grata, dándonos agua, comida, y el sol de cada día. Que la razón nunca me exceda para poder apreciar la belleza más allá del conocimiento, y que el conocimiento nunca deje de crecer en mi cabeza. Que la apreciación del mundo me haga más sabia y mejore mi temple, y que la pasión siga movilizando mi alma como lo hizo hasta ahora.

Miro hacia todos lados, pueblos erguidos sobre las montañas. Techitos que se lucen a lo lejos. Miles de casas sobre las laderas de las montañas. El viento me golpea la cara pero no logro despertarme de este sueño hermoso. Tampoco quiero hacerlo. Es el sueño vívido más largo y más bello que viví. Es el sueño que elegí hacer real.