Me gusta escuchar tu voz diciendo mi nombre. Al pasar, desde el pasillo. A veces, a unos metros de mi. Un poco lejos, lo suficiente como para no acercarte porque los dos sabemos que los dos estamos corriendo con algún imprevisto. Quizá el imprevisto puede esperar, pero aún no hay suficiente ímpetu para detener el mundo y acercarnos. Igual me ves, y levantas un brazo. Y sonreís, y sonrío en respuesta. Un saludo al pasar. Escuchando tu voz diciendo mi nombre. Escuchando mi risa, interna. Mi pequeña mujercita interna, regocijarse ante la dicha. Me siento dichosa porque me mirás, porque yo te miro y vos a mí. Porque detrás de mi mirada hay un parpadeo nervioso y constante para que no notes que te miro demasiado fijo. Para que no se note que te miraría más tiempo del que te miro. Que no se note nada de eso, así tampoco hay sospechas, de la inspiración de estas líneas, de lo que pienso mientras presiono, cada letra, y hay palabra, y una frase, y este cuentito, que te narro desde más allá del "hola" que te digo.