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Día más, día menos. Año más, año nuevo. Es el ser el que observa, perenne, el paso de la vida. Persistiendo, reteniendo, luchando día a día por evitar el correr del tiempo, intentando prevenir la aparición de esas marcas que documentan la experiencia, el crecer, la sabiduría. Sedientos de inmortalidad buscando la respuesta al sentido de la vida, buscando nuevas curas, persiguiendo una salida. Escapándole a la muerte, cuando en realidad ya somos inmortales, porque existimos. Soy existente, viviré mientras sea, y mientras sea, existiré. Seré porque soy, y dejaré de ser cuando no sea más. Y si no soy, ¿cómo tener atributos? Si lo que existe es, y lo que no, no es. Es porque existe, de la forma que sea. Aún si es en la mente de alguien, en una foto borroneada o en una canción, en un poema eternizado. ¿Quién de ustedes será un sueño? ¿Quién dejará de existir mañana? ¿Quién sentirá alegre su existir con mi existencia? ¿Quién perdurará en el tiempo, existiendo con el ser? ¿Quién se encargará de mantenerme siendo, cuando ya no dependa de mi libre albedrío? Sólo nosotros estamos conscientes de lo que existe ante nuestros ojos, ante nuestra propia percepción. Y sólo de nosotros estamos seguros. Todo lo demás... lo demás es efímero.