Por sentir que nunca seré capaz de generar eso
que todos me hicieron sentir que alguna vez
debía generar en alguien.
Perdón por no ser consistente. Por estar demasiado presente.
Por amar sin barreras ni excusas.
Por detenerme a pensar tanto.
Por no saber apreciarme.
Por, a veces, odiarme.
Querer arrancarme la existencia.
Sentirme tan poco.
Como si mi persona solo fuera
una máquina de alcanzar logros
y ante la falta de éxito
caigo en una nebulosa
que no me deja ver claro.
Y acá estoy, un poco ahogada,
un poco agotada.
Me pido perdón a mí misma,
mientras oscilo
tratando de hallar paz.
Desesperada quizás,
ansiosa,
sin disfrutar
como me decís que haga.
Y ahora te hablo a vos
porque me cuesta
encontrar la paz
que hallo
abrazándote
abajo del Sol
con la cabeza en la almohada
y el viento soplando tras ese vidrio
mientras contemplamos el cielo azul.
Y te huelo y me sonrío
y lloro un poco.
Por haberte encontrado
por saber que te vas.
Por permitirme amar,
por lastimarme el ser.
Al menos voy a poder decir
algún día
que lo viví.
Voy a poder decirlo
con fuerza y convicción.
Al menos algo me va a dar
una convicción real
auténtica
y absolutamente desinteresada.
Porque así es el amor.
Es darse.