El brillo en los ojos se conserva. Y no es que se conserva "a pesar de la tormenta". Se conserva abrazando los temporales, las lluvias torrenciales, huracanes, tsunamis y erupciones volcánicas. Se conserva más firme que nunca, se abraza sin miedo al fracaso. Abraza y acaricia a la ola, y si la ola es más fuerte, se entrega a su potencia y energía con los brazos abiertos.
La esencia demuestra que hay algo allí guardado que es perenne. Que sobrevive porque sobrevive el ser. Que no se agota nunca porque se construye a sí misma. Como un dios propio.
Pueden pasar días, meses, años. Pero hay cosas que quedan. Marcaron a fuego, pero con amor y dulzura. Acompañadas de dolor momentáneo, esporádico, transitorio, que mutó a comprensión y aceptación. Abrazado al alma con fuerza para asimilarlo, dibujando una sonrisa al evocarlo, y quizá algunas lágrimas, como las que brotan ahora cuando las recuerdo. Lágrimas de emoción, de vitalidad, de saber que existo porque soy, y de que existí porque fui. De que hay un pretérito en el que fui, que me transformó en lo que soy. O al menos así parece.
Recuerdo sin anhelo de volver el tiempo atrás. Recuerdo que aparece para ocupar un rato el pensamiento y reafirmar el sendero actual, o ir en busca de otro al replantear el presente. Recuerdo que me demuestra cómo supe sortear las adversidades adecuándome a la dificultad del camino, cuidando mi ser sin dejarme de lado, sin echarme a perder.
Cómo supe transformarme en el momento exacto. Cómo la debilidad supo enseñarme desde el error, y la perspicacia, desde el acierto.
Y acá estoy. Recordando. Hoy. Más avocada al presente que nunca. En medio de un sinfín de emociones nuevas generadas por un contexto histórico que maravillosa e inesperadamente, me encuentra fuerte de espíritu, de cuerpo y de mente.
Como diría Max Ehrmann en Desiderata: "...Y sea que te resulte claro, o no, indudablmente el Universo marcha como debiera..."
El Universo hacia delante, en continua expansión. Al igual que las mentes. Que si no se expanden es porque alguien las está limitando. Y el único límite que puede haber allí, es el autoimpuesto.
Límite que me esfuerzo en destrozar cada día, y desde hace tiempo ya. Tiempo del que no era consciente, y que este cofre me hizo recordar.