Esta noche, me asusto.
El dolor, la pérdida, el hastío.
Me asustan las palabras hechas presente.
Me asusta el frío de tu ausencia.
Esta noche, muere el alma.
Se entristece y solloza en silencio.
Bajo la sombra de ese techo,
no deja que la luz la alcance.
La luna es incógnita,
los faroles se apagan.
Ella sigue sollozando,
porque está asustada, y da miedo.
Esta noche las frases duelen.
Porque descubrir la realidad
es más doloroso que vivirla.
Porque a veces nos cegamos,
porque a veces nos callamos.
Porque no sabemos si la vida
tiene algún plan de emergencia.
Pero eso no llega, se hace evidente,
y el silencio sigue presente,
mientras el llanto brota
desde adentro, mojando,
limpiando el corazón.
Lloro sin pausa, esta noche.
No es una noche más
pero quizá es una de las últimas.
Quizá es necesario romperse
para reconstruirse de los restos.
Quizá esta noche te sueñe,
me enloquezcas, te grite,
te odie, te ame.
Quizá esta noche, el fulgor brille
más que tu mirada
y simplemente, te apagues.
Quizá esta noche, tu cuerpo aparezca
al lado de mi alma
hasta que amanezca
besándome el alma.
O quizá esta noche, como todas las noches
te piense antes de dormir
esperando respuestas
justificando el pasado
culpando a la dicha
y recordando tu voz, tu cara, tu pelo,
para que nunca -y aún menos esta noche-
te olvide.