"No sé" vuelve a repetir. Otra vez, una vez más, como si no supiera otras palabras. Esas dos palabras se convirtieron en su respuesta más común en las últimas semanas. Pero son reales, son sinceras. No sabe, no entiende, no procesa. No sabe qué pasa ni qué va a pasar (eso menos aún). Sigue confundida, nerviosa. Y su presencia la desestabiliza más y más. Vuelve a ser lo mismo de siempre, un dolor descontrolado, una pena profunda que le atraviesa el alma. No quiere pero sigue ahí, sigue estando, no para de rondar. Y no lo quiere cerca, porque demasiado cerca ya es una debilidad. Debilidad que no comprende por qué sigue existiendo... Si ya estaba bien así, ¿por qué todo de nuevo? ¿Es que acaso nos gusta desvivirnos por amor? ¿Es que acaso es amor? A la costumbre te acostumbrás... Pero no sabés. No sabés si es costumbre. Amor. Amorodio. Sólo pasión. Sólo odio. Sólo amor. No sabe qué hacer para discernir entre tantas posibilidades, saber cuál es la real, la factible. Le da miedo porque no quiere volver a equivocarse. Y aunque le prometa una y otra vez que no la hará sufrir, ¿cómo creerle? ¿Cómo, con todo lo que le hizo? Quizá sean estupideces, pero ella ya aprendió. Ya se curó. Ya se ama. No necesita nada más. No necesita otro imbécil que la vuelva a despedazar.