Buscando algo que no sabe qué es, va caminando. No sabe qué quiere encontrar. Sólo sabe que algo está buscando. Que camina sin parar observando de lado a lado. Que hay algo raro en el aire que viene desde lo alto. Que baja desde el Sol, se asienta sobre la piel. Que se posa en cada centímetro, entrometiéndose entre las células, absorbiéndose hacia el interior, difundiendo hasta las venas.
Y llega al corazón. Ese que bombea, que late y que no para, que nunca descansa. Ese que le brinda el combustible a todo el cuerpo, desparrama la toxina, invadiendo por completo.
Llega a cada parte, a cada sitio.
Llega para quedarse, para infectar, para enfermar.
Para proliferar en su sistema y no irse nunca más.
Como esos venenos que nos matan de repente.
O más bien, como un cáncer, que en silencio se hace presente.
Que en algún lugar del cuerpo, carcome desde adentro.
Consume despacito, creciendo sin remedio.
Devora todo.
[hasta que no se coma el alma
no va a parar]